jueves, 31 de mayo de 2012

De imprescindible visita...


Hoy me gustaría desvelaros uno de mis lugares preferidos de la montaña leonesa, especialmente creado para pasar un par de horas aislado del mundo y respirar el aire puro del cantábrico que se desliza, como la niebla, por las colladas asturleonesas.

Es un valle escondido entre las montañas de Pajares, pero alejado de la carretera y muy oculto de la vista del conductor que se dirige hacia Oviedo o León.
Es preciso tomar un desvío en Busdongo para entrar en una de las más bellas cabeceras del Bernesga. Tan solo tres pueblos, Camplongo, Tonín y Pendilla, tienen  la suerte de ver correr esa agua tan cristalina (y fría) que en unos pocos kilómetros más abajo formará el valle del río Bernesga, el mismo valle donde se asienta buena parte de la ciudad de León.

                 Las recién nacidas hojas de la hayas toman un verde irrepetible en todo el año

Hasta Pendilla de Arbas hay que llegar para descubrir a pata este rincón impoluto de la geografía leonesa, aunque también asturiana, puesto que son varios las colladas, puertos y cumbres compartidas con el concejo de Lena.

Pendilla es por tanto el último pueblo de esta montaña de Villamanín antes de que nuestros pasos entren en las pequeñas aldeas del valle del río Pajares. El camino que tomamos no es otro que la antiquísima vía romana de la Carisa, muy de moda actualmente por unos recientes descubrimientos arqueológicos en el castro del pico Chagueños, muy próximo de nuestro rincón preferido. Desgraciadamente, esta calzada de comunicación romana entre las dos caras de la cordillera cantábrica, también es conocida actualmente por ser la vía de entrada de la línea de alta tensión planificada para llevar energía desde la cuenca del Nalón hasta Velilla del Río Carrión. Todos esperamos y rogamos a los dioses de estas montañas que sea un proyecto que se olvide en algún cajón de algún lujoso despacho.

                              La cumbre del Ceyón cuenta aún con varios neveros

Y es que la belleza que guarda este rincón está a punto de aparecer ante nuestros ojos cuando pasamos la gran curva que el sonoro río traza entre su nacimiento y Pendilla.

Multitud de colores pintan el paisaje en el mes de Mayo en esta montaña: urces violetas, escobas amarillas, abedules y hayas de verde fosforito, neveros blancos que brillan y reflejan el sol que vuela sobre las altas cumbres de más de dosmil metros, guardianas de este tesoro escondido.

                          El creador de vida: el bosque

La vega de Bustamores aparece de repente ensanchando el valle y creando un paisaje perfectamente ordenado y bucólico: verdes praderas acompañan al saltarín arroyo que desciende de los neveros del pico Robequeras  el cual riega y sustenta un fresco bosque de abedules, serbales y hayas, quizás uno de los bosques más destacables de esta comarca donde el prado y la urz son dueños del paisaje.

                         Bustamores... un lugar para enamorarse

Dos cabañas se asientan en la vega y el entorno por momentos bien recuerda a una de las hermosas brañas del Alto Sil. Si el paraíso existe, Bustamores tiene que ser una huella de este que tenemos la suerte de ver, sentir y respirar bien hondo. Pero si queremos respirar aún mejor hay que seguir el camino y ascender a la collada Propinde.

                        Subida a Propinde a través de la Carisa

La collá o cochá Propinde (aquí estamos en territorio potencial de la lengua asturleonesa ) separa y une a la vez los verdes valles asturianos de Lena con los altos puertos ganaderos de Arbas.
La vía Carisa que nos ha acompañado desde Pendilla sigue su trayecto de altura a través de los cordales que dividen Aller y Lena para finalizar unos cuantos kilómetros más al norte muy cerca de Mieres. Esa aventura creo que pronto aparecerá por este blog… o por lo menos así lo deseamos.

                       Desde la collada, el paisaje se torna majestuoso

De momento nos conformamos con sentarnos en la esponjosa y suave collada tras haber leído un cartel informativo sobre la Carisa y el castro Astur edificado a pocos metros del lugar.

                    Collada Propinde: mi lugar favorito

Abajo, en el fondo del valle, entre los hayedos y las brañinas, surge de repente el sonido del tren que, mediante un sistema complejo de túneles, atraviesa el corazón de estas montañas del Puerto de Pajares.

                      Decenas de vallinas asturianas acompañan la vía ferroviaria León-Gijón

Volvemos a mirar para León y una gran cadena de montañas aparece pintada en muchos tramos de un blanco radiante perteneciente a la última nieve que cayó con abundancia en el pasado mes de Abril.
Es la sierra del Cuadro, una interesante cadena de dosmiles unidos por varias colladas que tienen su máximo exponente en el Pico Estorbín. Casi nada.

                                El pico Tresconcejos, guardián de Bustamores

El ladrido de un corzo nos da la hora. Cae la tarde sobre Bustamores y nos despedimos de las vistas sobre Asturias para ir descendiendo de nuevo hacia Pendilla.
En el regreso nos vamos fijando en la cara este del Pico Ceyón, también con abundante nieve, el cual nos trae varios recuerdos que ya han sido plasmados anteriormente en esta página.

Cuánta belleza encierra este rincón en tan poco espacio: cumbres, praderas, multitud de arroyos, bosques… que se ven engrandecidos por la magia y el poder que el mes de Mayo tiene y otorga sobre la naturaleza.

                          Atardece en la cordillera cantábrica...

Espero que os haya gustado visitar este lugar, para mí, uno de los más especiales de la cordillera cantábrica, pero sobretodo, dsifrutar de una excursión muy fácil y llena de detalles bastante atractivos para el amante de la naturaleza.

Y cómo no… no podemos despedirnos de Villamanín si un buen refrigerio acompañado de una gran tapa en  Casa Ezequiel, otro de los tesoros de la comarca.

lunes, 28 de mayo de 2012

Un paseo por Gete...


Mucho para ofrecer al caminante, al ciclista, al turista o a aquel que busca en la naturaleza su felicidad, posee el valle del Alto Torío.

Los Argüellos leoneses situan a Cármenes y a su municipio en el centro de esta comarca montañesa, cuna de arrieros y morada de viajeros incesantes y seculares entre las montañas de León y Asturias a través de los altos de Piedrafita, Collaona, Propinde o Vegarada.

                              El oxigenado río Torío

Es la montaña que nutre las aguas de uno de los ríos que atraviesan la milenaria ciudad de León, el Torío. Sus cumbres aparecen cercanas a los edificios de dicha ciudad (apenas 40 kms separan en línea recta la cumbre del Correcillas, un destacado dosmil, de la Universidad de León), y son muchos los turistas que cada fin de semana se acercan, bien en coche o bien en tren, hasta las rutas, hoces y las cuevas que Matallana, Vegacervera y Valporquero ofrecen al viajero.

Nosotros hoy vamos a descubrir un valle algo alejado de toda esa multitud de reclamos turísticos pero no por ello menos apasionante, es más, creo que es uno de los rincones más bellos de esta montaña, opinión muy arriesgada debido al alto valor paisajístico y cultural que encierra este valle del Alto Torío.

                                   Ermita del Pandillo

El valle lateral de Gete y núcleo urbano es un submundo dentro del vertical cauce del río Torío. Se encuentra separado a unos pocos kilómetros de las aguas trucheras que cruzan sosegadamente o violentamente (según la época del año) las antiguas caldas de La Venta de Getino, cercanas al puente que adorna este bello paraje fluvial donde también podemos disfrutar de una buena comida en Casa Amador.
Así, para llegar a este bello pueblo montañés hemos de subir por la ladera de la montaña que lidera una pintoresca ermita que, por su situación, debió ser seguramente un antiguo lugar de culto Astur. Es la ermita del Pandillo donde cada año se celebra la romería de la Pandiecha.

                              Gete. Y al fondo su puerto.

Tras pasar la ermita vemos ya el valle de Gete y su pueblo, ambos situados bajo los alto farallones del pico Fontún o de La Majada, situado a 1.948 metros y que hace de frontera, al igual que la collada donde próximamente llegaremos, entre las tierras de Villamanín y Cármenes.

                               Casas de Gete

El pueblo se levanta sobre el río que baja de los altos puertos trashumantes que pronto descubriremos. A un lado del valle la roca caliza y un terreno solo apto para cabras y rebecos se hace dueño y señor del paisaje, mientras que al otro lado del valle el bosque, la pradería y el agua inundan majestuosos rincones donde el ganado vacuno pasta solo aturdido por el canto primaveral del cuco.

                                           Río de Gete

La ruta es apta para cualquier época del año, aunque con nieve es interesante las raquetas si la nevada ha sido medianamente considerable.

Salimos de Gete y atravesamos el río para adentrarnos en la ladera norte del valle por una pista sin apenas pérdida que nos dirige con un desnivel muy progresivo hasta la collada que separa Gete de Fontún.
Robles, nogales, hayas, abedules, serbales, chopas, espinos, escobas, praderas… el ecosistema es abrumador durante la subida. A mano izquierda proliferan bosques de abedules muy interesantes que dan paso en sus alturas al valle de Valporquero. Y a mano derecha, mientras subimos, vamos viendo las murallas calizas que dividen los terrenos de Gete y Cármenes.


Corzos, raposos, jabalíes… son fáciles de avistar en esta ruta. Pero quizás el animal más representativo de este valle sean las ovejas que el pastor transterminante Eduardo “el moreno” lleva subiendo a estos puertos desde hace décadas.



                               Estampas de la ruta hacia el puerto...

Vamos pasando cada poco varias vallinas que cuentan cada una de ellas con pequeños torrentes que fertilizan las verdes praderas que resisten al avance de las escobas. Aún así, la calidad de este espacio ganadero es indiscutible y son varias las cabezas de ganado que nos vamos encontrando en el recorrido.
En una hora llegamos al punto donde tenemos que abandonar la pista para comenzar a ascender por un senderín señalizado por el ayuntamiento de Cármenes. La subida aquí seguramente se hace más dura pero también se incrementa el valor del paisaje que vamos contemplando y entrando en él. Estamos ya muy cerca de las paredes del Pico Fontún y podemos saborear un ambiente totalmente de alta montaña.

                              Alto de la collada

                        Cartel informativo sobre la ruta 

La collada de Gete o puerto de Gete consta de varias praderas alpinas salpicadas de bloques calizos y adornada por un viejo chozo reconstruido antecesor de la actual cabaña ganadera que se sitúa unos metros más abajo y que está cerrada al público.

                            Chozo ganadero restaurado

                                  Villamanín

Desde el alto de la collada, tras atravesar la alambrada que divide a los dos concejos, el amplio y verde valle de la Tercia aparece bajo nuestros pies: Villamanín, Rodiezmo… y las altas montañas de Pajares son fácilmente contempladas desde esta posición. Desde este punto también podemos acceder a los puertos de Formigoso, en el próximo valle de Valporquero.

                                El pico Fontún

                          El mastín, símbolo de identidad de la cordillera cantábrica

Volvemos a descender hasta la pista inicial y continuamos la bajada por el otro lado del valle.

No podemos diferenciar que vertiente es más bonita, pues esta también está llena de rincones preciosos. Además, el río desde aquí es visible y su sonido alimenta nuestro espíritu. Más arriba de camino la roca caliza impera sobre la vegetación.

                              El jardín de Gete

                               Camino de descenso hacia el pueblo                            

Tras unas tres horas y media de ruta aproximadamente llegamos de nuevo a Gete, sumido en la siesta primaveral, sin apenas ningún ruido entre sus callejas y casas de piedra, algunas de ellas restauradas y muy elegantes.


Al otro lado del río aparece Getino, hermano gemelo de Gete, lugar de leyendas sobre dragones y hayedos encantados. Una naturaleza impresionante también destaca sobre ese valle. Sus cumbres son compartidas con Rodillazo y Tabanedo, y sus caminos dirigen los pasos hacia la cuenca del Curueño y los altos de Genicera, pero eso será otra historia...

                                 Getino

De momento, recordemos bien este valle y este nombre: Gete.

¡Un saludo amigos y qué tengáis una buena entrada de Junio!

                                          (Pinchar para ampliar)

lunes, 21 de mayo de 2012

Un paseo por Susañe del Sil...

El corazón del Alto Sil es el municipio de Palacios del Sil, situado entre los ayuntamientos de Páramo del Sil y Villablino.
Palacios es un mundo infinito donde es necesario ir apuntando cada camino, cada braña y cada pico que se va haciendo en una agenda que tardaríamos en llenar varias semanas.

Pueblos como Salientes, como Tejedo o como Susañe, al cual va dirigido este reportaje, han de ser caminados pacientemente para  llenarnos de ese aire norteño, cantábrico, céltico, que desprenden las aldeas del Alto Sil.
Es el mes de Mayo uno de los mejores periodos para visitar y caminar estos montes fronterizos con la cuenca asturiana del río Ibias.


                                     Vista de Susañe desde Páramo

A Susañe del Sil se accede cómodamente desde la vía rápida Toreno / Villablino, a la altura de Páramo del Sil. La carretera de subida es en sí un pequeño “puertín” al que hay que estar atento en cada curva puesto que la mirada fácilmente se nos va entre los multicolores huertos, eiros y castañales que poco a poco nos van delatando la presencia de esta aldea de montaña, situada a casi 1.000 metros de altura, constituyendo un gran mirador natural sobre el valle del río Sil, el cual se desliza poco a poco en busca del gran remanso berciano.




                                 Panorámicas de Susañe

El pueblo se recuesta sobre las faldas del monte “Cheras” . La pendiente y las cuestas son una constante en casi todo el pueblo. Y es que Susañe es un pequeño universo aparte en el valle. Su situación sobre el valle, independiente y alejado de otros núcleos de población, hacen de este pueblo un placentero lugar para pasear y vivir. Incluso la gente de aquí, entre los que se incluye uno de los últimos gaiteros del valle, tienen una idiosincrasia propia y distinguida entre la comarca del Alto Sil (o, por lo menos, así son vistos desde otros pueblos).


                                      Hórreo


                                        Corredor

Uno de los “platos fuertes” de Susañe, dejando a un lado su interesante arquitectura tradicional y su naturaleza desbordante, es el asombroso mantenimiento del dialecto patsuezu (lengua asturleonesa) el cual es usado frecuentemente y más especialmente en círculos familiares por sus habitantes. Ello también es sabido en todo el valle. Más de una vez he escuchado comentarios, siempre en tono afectivo, sobre lo “raro” que hablan los de Susañe. Así, en estas calles que ahora caminamos podemos ver y oír, aparte de una variada toponimia toda ella en lengua local, alguna que otra expresión y palabras como “tsobu” en vez de lobo, o “tseite”, en vez de leche.


                                   Beichadero... bejadero... ¿Abejadero?

Para nombres bonitos los que se esconden tras cada fuente, árbol y monte del pueblo. Pero eso, un poco más adelante.

Seguimos caminando por las pendientes calles de Susañe descubriendo sus rincones de piedra. Una de las cosas que más llaman la atención y hacen atractivo al pueblo son las “tsousas” clavadas en la tierra para separar cada huerta. Es un símbolo propio de estas tierras, pero que poco a poco ha ido perdiendo terreno a favor de los muros o de las frías verjas metálicas.


                                    Espalda curvada, alma erguida

Corredores, fornos, hórreos y casas de piedra construidas sobre peñas, son lo que podemos ir encontrando por las calles de Susañe. Al final de cada “calecha” siempre obtenemos un espectacular paisaje de fondo y es el color verde y el color morado de las urces primaverales quienes se llevan el protagonismo casi siempre.


                                   Las urces colorean Susañe

Susañe es naturaleza. Y a eso hemos venido.
Encima del pueblo, bajo el depósito del agua, salen dos caminos que a modo de “circunvalación” son recorridos cada tarde por los vecinos del pueblo para mantener las piernas bien fuertes. Uno de ellos se dirige a Valdeprao y a las brañas que Susañe tiene por encima de este pueblo montañés. El otro serpentea la margen izquierda del Sil dirección a Palacios.
Tanto uno como otro son un placer de caminar en estos días de Mayo, pero hoy nosotros vamos a coger el segundo.


                                Embalse de las Ondinas

Este camino comienza a unos 1.100 metros de altura, casi a unos 300 metros por encima de la encajonada ribera del Sil. El panorama desde aquí arriba es una delicia para la vista: de un lado vemos las montañas de Matalavilla, Salentinos y Páramo. Más al norte se perfila el desfiladero del Padruño entre Villablino y Villarino. Al sur vemos como el alto Sil poco a poco va perdiendo altura en los términos de Matarrosa y Santa Cruz. También, al oeste vemos las montañas de Fornela y la central térmica de Anllares.


                                     Palacios del Sil se oculta en el fondo del valle

A la gente de Susañe les gusta Susañe. Y esto se comprueba viendo como en cada curva o lugar destacado aparecen señales y poesías a favor del respeto a la naturaleza y multitud de indicaciones de nombres toponímicos como: el canto Repicón (un gran pedrusco a un lado del camino), la Chera ( un canchal de piedras ) o la Peña del Griego, otra gran peña que además guarda en ella una leyenda de pastores y “mouros”.


                                Una curiosa habitante del Alto Sil

Abajo, en el valle, vemos como el Sil apacigua su furia que lleva arrastrando desde la presa de las Rozas en el pequeño embalse de Ondinas, buen lugar de pesca el cuál encierra en sus aguas un nombre, “Ondina”, que hace una clara alusión a las xanas o hadas de la mitología asturleonesa. Quién sabe si algún día nos aparecerá alguna en alguna fuente...



Uno no se imagina, cuando viaja de Páramo a Villablino, el impresionante mundo que se desarrolla por encima de estas montañas. Nos imaginamos, quizás, cuando miramos desde el fondo del valle hacia arriba, empinadas laderas desérticas que no llegan a ninguna parte concreta y que, además, no tienen caminos transitables. Craso error.


                              Tierra minera, tierra de castaños, tierra de agua...

Este camino que va de Susañe a la Veiga Sistierna y la Veiga de Gusteirices es uno de los tesoros más desconocidos del Alto Sil. Manchas de abedul y roble y multitud de vallejas con su fresca reguera cada una, salpican la ruta constantemente. Apenas hay desnivel y el paisaje es inmenso.

Son lugares apetecibles para el Oso Pardo y para la mayoría de la fauna cantábrica. Cerca del lugar se encuentra el valle de Pedroso, que cuenta con uno de los robledales más grandes de la comarca, es decir, mucha comida para mucha pezuña y garra.


                            El paisaje desde el Cutsadín es simplemente sabroso

El paseo lo acabamos en la fuente del Cuchadín, donde han habilitado una mesa y unas sillas para los caminantes que hasta aquí quieran acercarse. Como digo, a la gente de Susañe les gusta su pueblo. Desde aquí tenemos un guapa panorámica de una vallina arbolada y pintada de primavera que desemboca entre Ondinas y Palacios. Es un lugar increíblemente bello, solo ensuciado por un reciente incendio que ha chamuscado algo su parte alta.


                                 El mundo vertical del Alto Sil

Merece la pena dejarse caer por Susañe y perderse por sus caminos. Yo, desde luego, lo haré cada poco.


Webs de interés: http://perso.wanadoo.es/necarro/sistierna.htm#inicio


                          http://www.palaciosdelsilmunicipio.com/

miércoles, 9 de mayo de 2012

Visita al Dios Teleno (Cuaderno de viaje)

Desde varios kilómetros atrás, el pasajero lo lleva viendo a través del rayado cristal de la ventanilla del tren. Una larga sombra oscura rompe el oeste y las riberas y llanura se desvanecen transformadas en suaves colinas verdes que poco a poco son sustituidas por una gran cadena de montañas, la cual, según el mapa que el pasajero lleva consigo, son conocidas como los Montes de León.

                            El martillo de Thor sobre la cima del Teleno

En la estación de Astorga varias terminales, depósitos y carriles abandonados dan fe de un pasado económico y comercial más prospero que el que se avecina. La vieja ciudad romana arrebatada al pueblo indígena Astur duerme en la vega del río Tuerto bajo la eterna mirada del monte que el pasajero busca con su mirada, pues el propósito del viaje no es otro su búsqueda espacial (y más tarde, en el tiempo).

Luyego, Lucillo… praderas, robles… y una ondulante carreterina acompañan ahora los pasos del viajero. Casas de piedra, todas ellas bien restauradas y en pefecto estado atestiguan la riqueza de unas gentes que se dedicaron durante siglos a comerciar y transportar el pescado gallego a todas los lugares del centro peninsular: los Arrieros Maragatos, gentes con una fuerte identidad e idiosincrasia dentro de las tierras del milenario Reino de León. Un pueblo de leyenda.

                                             Luyego

Es la Maragatería el camino elegido para la búsqueda de ese monte que despide el sol cada atardecer, que recorta el horizonte y hace silbar el viento del oeste, recibiendo todo tipo de tempestades y otorgando a su trono de nieve y desgastada roca la condición de Dios.

El caminante por fin llega a Chana de Somoza, ya sobre el aurífero río Duerna, ya bajo la sombra del dios Romano Marte que aquí es llamado (y ahora ya podemos decir su nombre con toda clarividencia): El Teleno.


El Mons Tilenus romano es la brújula de todas estas gentes humildes que en estos campos de viento, lobos y oro viven aún esperando promesas políticas que solo el tiempo juzgará.
Molinaferrera, Santa Colomba, Filiel, Quintanilla de Somoza… parecen islas o barcos navegando en un enorme mar de trigo, colinas y arroyuelos. Son pueblos tranquilos, sin apenas ruido, tan solo algún gato cruza la calle u observa al caminante desde los corredores tradicionales leoneses que en estas aldeas maragatas conservan todo su atractivo. Como atractivas son también algunas casas, como aquella de Chana, que, para ayudar a la primavera a colorear el paisaje, sus dueños han pintando las puertas y ventanas de un azul radiante.


                                    Chana de Somoza

Pero al caminante no le sorprende tampoco que poca gente salga a su paso a medida que avanza hacia el omnipresente monte. Tras el majestuoso cocido maragato que tuvo la oportunidad de comer al mediodía, entiende que la siesta en estas tierras del noroeste es parte del menú. Él, sin embargo, tendrá que dejarla para otro día pues ahora ya está cerca de conocer esa atracción secular que “Tilenus” irradia sobre estos pueblos y gentes.
Hay nieve, quizás más de un metro, en buena parte de su cima. El monte, que es visible casi a más de cien quilómetros de distancia en días claros, está ahora bajo el viajero.

                        El tiempo se detiene y la mirada contempla antiguas huellas romanas

A él se encomendaron primero las tribus astures, tribus que bebieron de la cultura celta y que por consiguiente practicaron sus ritos y costumbres de adoración a la naturaleza.
En las piedras dejaron las huellas de sus vidas y escribieron con símbolos de difícil significado una cultura de culto al Sol y, por supuesto, al gigantesco monte Teleno, fuente de ríos que darían fertilidad a sus cultivos, emanador también de ese oro tan codiciado por Roma (en toda la cuenca del Duerna el caminante va viendo montes horadados por la minería romana), pero también nacimiento de las más terribles tormentas que estos viejos habitantes vieron, dándole el nombre también de Dios del Rayo y el Trueno.


Al poco rato y tras abandonar la carretera, los pies del curioso viajero se detienen al lado de dos enormes rocas, sobre una suave loma que mira al pueblo de Filiel. Cercano a ellas, dos tímidos carteles de reciente incorporación relatan su importancia.

Al parecer, las espirales, laberintos y cazoletas que aparecen grabadas en la roca forman parte de un conjunto de petroglifos de la edad del bronce que hasta hace bien poco solo se conocía de su existencia en las costas gallegas y en algunos pocos lugares más del noroeste ibérico. Se presumen que esta prehistórica forma de escritura represente un mapa cósmico o estelar, o quizás ritos de fertilidad.



                              Petroglífos de Filiel

Estos que ahora ve el caminante mientras el frio aire el Teleno golpea no con mucha ternura su cara han sido descubiertos hace pocos años. Aunque la palabra “descubiertos” no sea la más indicada, puesto que las gentes estos pueblos saben desde el principio de los tiempos de su existencia. Lo cierto es que ha sido todo un “redescubrimiento” para la comunidad científica y ya son muchas las asociaciones y personas individuales que trabajan para su conservación y estudio preciso, y por qué no, para dar un poco de vida a esta comarca, la cual podría encontrar en estos monumentos prehistóricos una fuente de riqueza. Es un lugar místico y misterioso, solitario e espiritual… quien sabe qué extraños rituales harían aquí los antepasados astures de estas gentes maragatas… quien sabe si aún hoy en día algún extraño fenómeno ocurre aquí las noches de luna llena y nosotros, gentes del siglo XXI, unidos a la pantalla y al teclado permanentemente, no somos a percibirlo ya que hemos perdido ese lazo que nos unía fuertemente con la naturaleza y con los astros.



Vuelve a soplar el aire sobre la cara del caminante que desciende ahora hacia el río en búsqueda de alojamiento mientras un par de corzos cruzan sin mucha prisa la carretera de reciente construcción por la que, a pesar de ser puente de uno de Mayo, no pasan ciertamente muchos vehículos.

En la lejanía, tierras rojas son humedecidas por varias tormentas de primavera que de momento respetan la cabeza del viajero, mientras, en la cumbre del Teleno un remolino de nieve y aire juega entre las viejas peñas de este monte tan desgastado por la erosión del viento y el hielo que parece guardar una historia que poco a poco, entre sus bosques y piedras “afuracadas”, iremos desvelando.



Continuará…