lunes 30 de noviembre de 2009

La Candamia, el monte sagrado de la ciudad de León


La ciudad de León, que se asienta en una suave loma que separa el río Bernesga del río Torio, tiene, en las cercanías de este último, un monte que guarda los secretos de León desde hace muchos, muchos, muchos siglos: La Candamia.
Paraje de ocio para miles de leoneses que la caminan cada día, el monte de la Candamia es un importante punto arqueológico de la provincia.




 En su cima se asentaba el barrio Judio que finalizaba en Puente Castro ( nótese el topónimo Castro ) y es bastante fácil localizar estos antiguos poblamientos si caminamos con un poco de visión arqueológica.

Pero además se han  encontrado enterramientos astures por estas laderas, que nos podrían delatar el significado dívino que este monte tenía para estas gentes. Y la verdad es que la candamia, debido a su posición natural de defensa y de atalaya altiva, dominando los valles del Torío y Bernesga por un lado, y del Porma, por otro, nos lleva a pensar la similitud que guarda con el famoso castro de Lancia, a unos 15 km más al este, que defendía, este, el valle del Esla y del Porma de las posibles invasiones romanas.





Desde sus alturas, la Candamia ofrece una panorámica soberbia de un buen cacho de provincia. Además de toda la ciudad de León desde Villaquilambre hasta Onzonilla, mientras caminamos entre pinos y encinas, podemos ver toda la montaña del Correcillas, Valdorria, Cueto Ancino, PradoLlano, el Mampodre... y por otro  lado, a la izquierda de las hoces del río Torío que corre bajo los pies de la Candamia, las montañas del Fontañán, Fontún, Cueto San Mateo, Pajares, Brañacaballo... Incluso las montañas de Babia, Luna y Omaña se diferencian bastante bien.




Y ya, si miramos más al oeste, otro monte mítico nos saluda, el Teleno, el dios marti tilenus para los romanos, que incluso lo respetaron debido a la gran devoción que el pueblo astur tenía hacia él.




Por estas razones, la Candamia es importante. Pero hay más.... y es que no es la única candamia de estas tierras. Todo León y Asturias está lleno de topónimos que hacer referencia a ese Dios de la luminosidad o de resplandor que debió ser "Candamio-Candamo". Candanedo, Candás, Candín, La Cándana... nombres que se asemejan a al candamia con un mismo prefijo, nos hacen entrever algo sagrado en algunos parajes de estas tierras. Quizás no sea así, quizás si, pero es obligatorio parar a pensarlo por un momento.





Por eso, dedico esta entrada a este bello monte ( algo estropeado por repoblaciones de pinos, urbanizaciones... ) que me sirve para ir a correr cada día, andar en bici, tomar el sol o contemplar mis montañas cuando no puedo ir a ellas.

martes 24 de noviembre de 2009

Tresconcejos. Entre León y Asturias.

Las montañas del alto Bernesga, que se fusionan con las montañas de L.l.ena y Al.l.er, en los cordales de Payares, tienen un abanico de posibilidades bastante desconocido, a mi parecer (debido en parte a la ausencia de roca caliza), que ofrece al montañero unos buenos paseos a caballo entre León y Asturias, con unas muy buenas vistas hacia Ubiña, el valle de Lena, Villamanín y Cármenes.

Brañacaballo (2.181 metros) es la principal altura de la zona. Desde Ubiña hasta el Mampodre, no hay ninguna altura por medio tan alta como este rotundo monte que se alza sobre Villamanín, y que podemos observar mientras tomamos una buena caña con una mejor tapa en el Casa Ezequiel, por ejemplo.
Otro pico que destaca cuando el viajero sube hacia estas montañas de Pajares, es el Fontún, ya un tanto alejado de nuestra zona de hoy, pero que hace las delicias del montañero.
Ya arriba, comienzan los grandes cordales que se inician en el puerto (1379 metros), y que nos llevan desde el Cellón (2.035 metros) hasta el Estorbín (2.123 metros) por un lado. Y desde el puerto al Cueto Negro, por el otro.



Pendilla de Arbas


Nosotros hoy vamos a intentar coger un poco del primero. La ruta al Tresconcejos (2.020 metros).

Nuestro punto de inicio es Pendilla de Arbás (1.337 metros), pueblo que disputa a Arbas del Puerto, el lugar de nacimiento del río Bernesga. Es un pueblo idílico, alejado de la carretera, de la línea de tren, del mundanal ruido. Y rodeado de amplios pastizales que acompañan un arroyo que nace en nuestro objetivo.
 


La Vía Carisa bajo el Cellón

Nada más cruzar el río nos internamos en una pista que no es una pista cualquiera, estamos pisando la Vía Carisa, vía romana que facilitaba la comunicación entre las dos partes del imperio a través de la cordillera cantábrica. Y por lo que podemos ver, Roma eligío este valle y no el de Arbas del Puerto, para su comunicación con los habitantes transmontanos. Por lo tanto aquí tenemos el primer punto arqueológico importante que hoy nos vamos a encontrar.


Tresconcejos y Bustamores

Mientras avanzamos hacia el norte, cruzando el río Fornillos que baja del pico Cellón, nos viene a mente la aterradora idea de ver por estos bien conservados montes torretas eléctricas de la altura de la catedral de León. Y es que si al final se lleva a cabo, por aquí podría entrar la maléfica línea Sama-Velilla. Dios quiera que no...


El deshielo de la primavera

En breve ya vemos como se abre el valle en una curva para entrar en la bella vega de Bustamores. Bella como su nombre, esta vega abrigada entre montañas de piornos y un guapo abedular que crece también en la cara norte, nos muestra el final del valle leonés, puesto que ahora la vía romana sube hacia la montaña para alcanzar la también famosa Cochá Propinde.


La cochá Propinde

La collada o cochá Propinde nos abre la visión hacia el valle Asturiano de Parana que desemboca un poco más abajo del Puente los Fierros, en el valle de Payares.
Es un punto importante en el que nos encontramos puesto que a la izquierda de la collada, ya metido en el monte, se encuentra un castro Astur, que seguramente fué respetado por los romanos debido a su situación estratégica de paso entre los astures cismontanos y los transmontanos. En la collada hay información sobre su estado y posición.


Valle de Parana y Payares

Pero nosotros abandonamos la Vía Carisa para subir por un senderín algo camuflado entre los piornos en dirección este (a la derecha de la collada) hacia Tresconcejos.


Bustamores y Cellón

Este tramo puede llevarnos algo más de tiempo porque existen varias sendas y algunos tramos de urces molestas, pero tomando como objetivo unas peñas cuarcíticas que están varadas en el brezal, llegamos a la colladina desde la cual vemos bien la cara oeste del Tresconcejos y el cordal por el cual hemos de ascender.


Tresconceyos

En la subida el terreno es más comodo y además las vistas cada vez se ponen más interesantes. A nuestra derecha vamos viendo ya las montañas del alto Bernesga, Torío y Luna, amén de la Ubiñas que vamos dejando a nuestras espaldas cada vez más enormes, y a nuestra izquierda las montañas asturianas del Áramo y las que rodean al valle de Lena y Pajares.



Llegamos a la cima del Tresconcejos y el viento sopla con mucha fuerza. Aunque es molesto este viento primaveral, lo prefiero al frío del invierno y al calor del verano, y más en estos montes si árboles donde cobijarnos.



Desde la cima la panorámica nos desvela varios "amigos" como el Torres, Torre Santa al fondo... Brañacaballo, Correcillas... Y nos sorprende localizar la ciudad de Oviedo al fondo, y además ver, con los prismáticos, el "supercristo" que preside su monte Naranco.


Cima del Tresconceyos

Descendemos siguiendo la línea divisoria de León y Asturias, que más que dividir, nos une y nos enorgullece compartir estas olvidadas y solitarias montañas, tesoros ocultos a salvo de las temidas concentraciones turísticas... Y llegamos a una collada donde comemos y organizamos un poco la ruta.


La ciudad de Uviéu al fondo

A nuestros pies ya vemos el valle del Río Al.l.er con Santibañez de Murias, Llananzanes y posiblemente Cabañaquinta al fondo (me es imposible saberlo todo con certeza!).


Camino al Robequeras

Decidimos seguir el cordal que va bordeando la vega de Bustamores que vamos dejando siempre a nuestra derecha y comenzamos la subida al pico Camparón entre ventiscas y rayos de sol que nos dejan la cara bien curtida.



Desde ahí continuamos hasta la última cima del día, el Pico Robequeras, que nos brinda quizás las mejores vistas de la ruta. Con el pico Estorbín en frente, El Cuadro, todo el valle de Pendilla, y el Tresconcejos que hemos dejado ya atrás, bajo la mirada no tan lejana de Peña Ubiña. También vemos el Bodón y otros picos míticos de la montaña leonesa.


Macizo de Ubiña

Las vistas son inmejorables, pero, aún no se porqué, sería el miedo a que nos pillara la noche, no culminamos la ruta en el precioso pico Estorbín de Valverde. Creo que hubiera sido muy interesante su subida y luego descender por las lomas del pico de El Cuadro hasta Pendilla. Asi que ya sabéis, si realizaís esta ruta y tenéis tiempo, no seaís tan rajados como nosotros y hacer esta circular. Es de medalla para el curriculum :-)


Estorbín de Valverde

Tras un rato de meditación y juegos con la nieve, nos tiramos ladera abajo entre brezales, prados y saltos de agua  que salpican de primavera todo lo que toca, hacia la cabecera del valle de Bustamores.
Este tramo carece de senderos definidos, pero es terreno bastante limpio como para perderse. Además, necesitamos algo de adrenalina ya que no hemos subido ese Estorbín que quedó en nuestras mentes para otra vez.


Robequeras

Así, en poco tiempo, llegamos ya al llano de Bustamores, por el que avanzamos hacia abajo para encontrar la pista de inicio que nos conduce al pueblo. Ponemos punto y final echando un vistazo a todo el cordal recorrido y una idea se me pasa por la cabeza... esta ruta, con raquetas, es de sobresaliente.




Duración Aproximada: 6 horas

Datos de Interés: Ruta muy cómoda y asequible por una cadena de dosmiles que nos muestran ambas vertientes de la cordillera continuamente. Especial para raquetas. Accesos a Pendilla bastante buenos desde el cruce a Camplongo que se encuentra en la carretera nacional León-Oviedo. Buen comer y buen precio en Villamanín, Fontún y Busdongo. Fuentes en Pendilla.




lunes 16 de noviembre de 2009

Cueto Ancino, el guardián del Curueño.


Si miramos desde la ciudad de León hacia el norte, hacia la peña Valdorria, podemos observar un pequeño piquín calizo que sobresale a la derecha. Su nombre es Cueto Ancino ( 1729 metros ), pero también le conocemos como el Huevo de Nocedo o como el "pequeño K2 Leonés". Pero sin duda alguna, para el viajero que remonta el río Curueño hacia arriba o hacia abajo, es el guardián de las hoces.





Para visitar este guapísimo pico nos trasladamos hasta La Majada del Caserío después de remontar el río Curueño desde La Vecilla. Truchas, calzadas romanas, balnearios, arrieros... nos hablan de unas aguas con identidad propia, las aguas de un río del olvido que el escritor leonés Julio Llamazares, oriundo de la zona, plasmó para el mundo entero hace unos años. Y no solo a mí me ha enamorado desde pequeño este valle que nace en Vegarada y muere junto a su alma gemela, el Porma, en Ambasaguas, sino a celebridades mundiales como Viggo Mortensen, actor apasionado de este valle que lo frecuenta muy a menudo.

Pero bueno, tras esta romántica aproximación, vamos al grano. Como decía, tras aparcar el coche en La Majada, un poblado antiguo de Valdeteja que se asienta en el otro lado del río, ya vemos con claridad el objetivo, Cueto Ancino, protegido por una selva de hayas que recorren todo el valle de Tejedo, por el cual nos colamos poco a poco a través de una vieja calzada rodeada de avellanos y pastos.



El antiguo caserío de Tejedo

El valle de Tejedo, que comunica con el valle de Oville y de La Braña a través de sus verdes y arboladas colladas, cobijaba hace bastantes años una pequeña ermita de monjes, que seguramente también harian una función de asistencia a los viajeros. Es un valle ecologicamente hablando muy interesante debido a su buena diversidad de flora cantábrica (acebo, tejo, haya, avellano... )
Al llegar al caserío, el camino comienza a curvar hacia arriba, hacia la cresta de nuestro pico, aunque todavía tenemos que pasar un hermoso tramo de hayedo.


El "k2" observando nuestro caminar...

Al finalizar el hayedo comienza el tramo más duro de esta ruta, una empinada pista entre urces se inicia tras pasar un pilón ganadero, y que nos lleva hacia la cresta desde la cual comenzaremos el cresteo hacia el pico.
Una vez en la cresta, el esfuerzo da su recompensa con unas muy buenas vistas hacia los valles del Porma, la Forqueta de Arintero, el Bodón, Vegarada... y nuestro objetivo al final de la sierra caliza que ahora comenzamos a atacar, primero por la cresta y luego por los bordes.


El Bodón tras los bosques de Tejedo


La cresta que nos conduce al nuestro objetivo

Cuando ya llevamos un rato cresteando, intentado seguir los fitos que hay esparcidos por la roca, aparecemos, ya, en una alta cima, muy cerca de la cara noreste del pico. Pero para ascenderla primero hemos de descender hacia una colladina que separa la cima donde nos encontramos y el pico. Este tramo es bastante delicado en caso de que esté muy mojado, exista hielo, nieve... por eso, con paciencia y agarrándonos en las hierbas, ladeamos la roca y bajamos a la collada.


Tramo que requiere cierta elegancia

Para comenzar el verdadero ataque a la cumbre os muestro esta fotografía donde he trazado una línea roja. Aunque parece muy pindia, en realidad es muy amena, con pasos estrechos donde hay que ultilizar las manos y por supuesto, muy buenas vistas.



Una vez en collado que da hacia la cara oeste, y tras haber pasado algún que otro corredor verde muy chulo. Toca cambiar rumbo ya hacia arriba, hacia la cima, es decir, hacia nuestra izquierda. Las vistas ahora son muy prestosas al observar la Majada en el valle, junto al río, el pueblo de Valdeteja bajo la preciosa peña de La Verde, la Valdorria... el Bodón... y qué decir de las montañas del norte, el Susarón, los Mampodres...


Cueto Ancino se estrecha cada poco...


Corredores antes de llegar al collado que da paso a la cima


Aspecto de la cresta que hemos recorrido casi hasta la cima


         Las Majadas desde la pared de la llerona. Al fondo, Valdeteja en su verde valle.

En breve trepamos a la cima donde hay una cruz metálica que nos muestra todo el horizonte de las riberas del Curueño y el Torío... hasta la ciudad de León. Al este podemos ver también con mucha claridad la peña Las Pintas, el Espiguete, Peñacorada.. y justo debajo de nosotros, las hoces del Curueño, la peña Galicia y el valle de Valdenuciello que conduce al pueblo de Oville. Tengo que apuntar este valle porque es una buena alternativa para descender hacia el río.


El valle del Curueño


La Majada y la carretera entre las nubes

El descenso lo realizamos por el mismo camino hasta la colladina donde acaba la pared de Cueto Ancino. Nos atrae la idea de descender por medio del hayedo, que está verde fluorescente en Mayo y, además... ¡ya estamos algo hartos de tanta peña!. Por lo tanto bajamos primero por una llera que conduce al bosque y a partir de ahí, cogemos la primera vaguadina o algún sendero de corzo que hay entre las hayas para ir descendiendo ligeramente hacia la derecha, donde hay dos caminos, el de subida y otro que conduce hacia la Majada por este lado del reguero, entre las hayas. Y así es.


Entre las hayas de mayo

En poco tiempo llegamos a los prados, donde cruzamos el reguero para llegar al punto de inicio.


Las montañas de Bodón nos despiden entre nubarrones primaverales

Duración Aproximada: 4 horas

Información Adicional: Por el resto de las caras no he probado a subirlo aún, sería interesante investigarlo. Hay que tener cuidado en ese tramo que hay que descender un piso hacia una terraza herbosa. No hay fuente en la majada, y durante el camino hay un pilón pero que mana muy poca agua. En época adecuada, recomiendo un buen baño en el puente de entrada al pueblo. Bajo él se asientan unos de los pozos más profundos de esta montaña.
Buen comer en Lugueros, Nocedo y Valdepiélago.


viernes 13 de noviembre de 2009

A mis antepasados, a mi pueblo:


Desde esta misma roca contemplaron la doma de los potros que habrían de montar en el combate.

Junto a este mismo río levantaron sus cabañas, derramaron sus rebaños y leyendas, y bebieron el profundo licor de las grosellas.

Y, en noches de luna llena como esta, cortaron con sus hoces sagradas plantas de muérdago para ofrendar al Dios de las Montañas.

Todavía se escucha, cuando nieva en la noche, el eco de sus flautas y cítaras perdidas.

Todavía se escucha, cuando nieva en la noche, el rumor de sus gritos guerreros.

Pero de nuevo brilla el sol, se deshace la nieve y el Dios de las Montañas queda solo.

Solo y lejano como mi corazón ahora. Como mi corazón ahora.


Julio Llamazares





miércoles 4 de noviembre de 2009

Un finde en el pueblín...


Noviembre entró con frio, viento y nieve. Y yo no me quería despedir de un buen mes de octubre sin pasar este último puente en mi pueblo, allá en las montañas de Riaño...




Sabado. De primer plato pensamos visitar Las Pintas, peña que llevamos observando desde el principio de los tiempos desde la puerta de nuestra casa (La Peña de Huelde, para nosotros) y que tuve la suerte de subirla hace ya un año en verano. Ahora tocaba visitarla en otoño, por eso nos acercamos el precioso y escondido valle del río Dueñas, capitaneado por Lois y lleno de pueblos con mucho encanto como Ciguera, Valbuena o Salamón, siendo este nuestro punto de inicio a las Pintas.



La cima occidental de Las Pintas desde Salamón


He de decir que Las Salas, aunque pueda parecer mejor inicio para atacar esta pedazo de mole caliza, me parece una subida mucho más laboriosa y aburrida que desde Salamón. Lo siento si algún vecino de Las Salas lee esto...
Cogemos la pista que sale del final del pueblo en dirección al collado de Anciles, que separa el Llerenes del murallón de Las Pintas. La subida al collado ( aproximadamente 45 minutos ) tiene alguna cuestina que otra. Pero es amena a medida que vamos subiendo, viendo el paisaje a nuestras espaldas, la canal de subida al Llerenes (que cada vez me gusta más), el hayedo rojo-naranja de Las Pintas y la cercanía de un espectacular paisaje que se divisa desde este collado de Anciles.




Salamón

Riaño, el valle de Anciles, la cara oculta del Gilbo, el Yordas, el Espiguete... la montaña de Riaño en general recompensa la vista al llegar al verde collado. Pero ahora toca retroceder hacia el este, hacia la muralla caliza, entre prados y lleras para engaramarnos a una de las canales de ascenso, que, como si de escaleras mecánicas se tratara, nos llevarán a unos pocos metros más abajo de la cima más alta de Las Pintas.




Los últimos metros se realizan con bastantes trepadas. El camino no está muy bien definido y el cerebro se tiene que poner a currar en algún momento para librar alguna pared antes de alcanzar la gran peña que domina el histórico valle de Riaño por el sur, y el largo e importante valle del Esla por el norte.


Ya en la cresta, mirando hacia la cima gemela de Las Pintas.

Abajo quedan dos pueblos que merecen ser recordados, Anciles y Huelde, este último justo debajo de Las Pintas y muy cerca de la presa del embalse.


Gilbo, Piedralagua, Monteviejo, Espiguete...



Valle de Esla con Las Salas y Cremenes

El paisaje, sinceramente, me parece de los mejores de la montaña Leonesa. Creo, a pesar de mi juventud, que Las Pintas tiene una vista bastante buena que gana a muchos "superpicos". Todo el valle del Porma, del Esla, Riaño, Fuentes Carrionas, Picos de Europa, El Mampodre, Bodón... todo a una cercanía que asombra. ¡ Y qué decir de los valles inmediatos de Remolina, Ciguera, San Pelayo y el estrecho del Esla antes de Cremenes... ! En definitiva, un 10 en vistas.


Canales y sedos de Las Pintas


El pico Loto y Remolina desde la cima

La bajada la efectuamos por otra canal vecina de la de ascensión. Tengo que decir de nuevo que acabé muy de mal genio la primera vez que vine y bajé hacia Las Salas, y esta vez no quise volver a arriesgarme y bajé de nuevo hacia el valle de Salamón, no sin antes pasear un poco por medio del hayedo, que estaba precioso.


El Bodón sobre la Forqueta de Arintero

Domingo. Tras salir un poco la noche anterior por Riaño, hoy toca pasear por los valles que nacen a los pies del pico Gilbo para ver si vemos alguna seta que nos pueda interesar. Buscamos concretamente Boletus, pero no iba a ser el día, puesto que parece ser que no les gusta mucho el roble, y prefieren más el haya de Salio, que los rebollares del Colláo el Baile. Pero bueno, lo importante era dar un paseo por un día que arrancó ya con mucha nube y algo de niebla y lluvia en las alturas.



Paseando bajo la mirada del Gilbo



Cerezal en llamas

Caminamos entre terrenos de pizarra, propicios para la Lepiota que no tardamos en llenar en nuestra cesta. El otoño está hermoso, en su punto exacto, casi es como un segunda primavera, frutos, andrines (endrinos en castellano) bellotas, setas, hayucos, manzanas... una naturaleza fresca y colorida nos rodea. Pero la verdad, aunque duela mucho decirlo, es que esto no es más que una introducción al invierno, a la muerte, al silencio... hasta que llegue Marzo con su primavera.


Lepiotas en el hayedo

Antes de bajar para el pueblo el monte nos guiña el ojo y encontramos un cuernín de corzo, el segundo que encuentro en mi caminar por el monte.
Por la tarde volvimos a darle a la lepiota, y esta vez, curiosamente, un cuerno de venado se apareció entre las setas. Pero el chaparrón que nos cayó luego no tiró para el pueblo como balas.


Resultado tras un corto paseo



Carande otoñal

Para acabar el día, chocolatada en el escaño a la luz de la lumbre y unos ajedreces en un atardecer muy negro. Noviembre entra contundentemente en la montaña leonesa borrando cualquier rastro del verano de octubre.


Lunes, último día en el paraiso. La del tiempo no se equivocó y al salir de casa miramos hacia San Glorio y la sierra de Hormas, y allí estaba, una fina capa de nieve nos saludaba en la lejanía, hoy ya hace falta la braga al cuello.
Como el frio nos dá hambre y la verdad es que tampoco tenemos ganas de cocinar y fregar, nos bajamos a Las Salas a comer, un menú barato y elegante que nos pide que luego los bajemos en calorías por los montes de Remolina.


Uno de los pueblos más hermosos de Riaño: Remolina

Hay poco tiempo y la noche ya amaga tras el Pico Loto. Pero aún así nos da tiempo para caminar un poco por sus recónditos hayedos que bajan de la sierra del pico Jano, ver un corcín y respirar el aire puro antes de emprender el camino hacia la ciudad.

Valles recónditos de Remolina

En definitiva, un puente bastante productivo y lo de siempre, muchos recuerdos y sendas del hayedo que me visitarán en sueños en muchas noches...


      Anochece en la montaña y la nieve vuelve tras un breve parón de apenas tres meses


Ascensión a Las Pintas (1983 metros)


Punto de Inicio y Regreso: Salamón

Duración Aproximada: 5 horas

Datos de interés: La subida al collado de Anciles es obligatoria para observar una de las mejores vistas de esta montaña. La subida a la cresta se puede realizar por una de las tres canales que se van viendo a nuestra derecha cuando subimos al collado. Hay otra cima más oriental que se puede llegar a ella desde la occidental cresteando. La cara sureste que da hacia Las Salas está llena de escalones y cortados que nos pueden complicar algo la bajada. Agua en Salamón y antes del collado Anciles.



viernes 9 de octubre de 2009

El Friero

Bueno, pues algún día tendríamos que ir empezando con esto de los Picos de Europa, y ese día llegó de manos del Friero (2.443 metros ), la torre que preside el valle leonés de Valdeón.

Llevo toda mi vida viendo estos picos desde mi pueblo (Torre Santa, concretamente) pero nunca les he hincado el diente si exceptuamos la mundialmente conocida ruta del Cares.




El Friero desde Posada


Pues bien, el plan fué lo siguiente: Tarde en Valdeón y alrededores, alojamiento en la famosa pensión Begoña y al día siguiente, subida a la Torre del Friero desde Sta. Marina de Valdeón.
Y así lo hicimos.



Después de dar un breve paseo "corcero" por Prada, cenamos en la pensión, no sin antes escanciar unas cuantas sidras, y pasamos la noche como pudimos. El desayuno, lo mejor de este hostal, os lo recomiendo.


Largas cuestas de aproximación...


Sobre las 10 menos cuarto de la mañana dejamos el coche en una curvona que hay sobre Sta. Marina dirección Pandetrave. Y cuatro coches ya nos avisaron de que no éramos los únicos...




La Torre del Friero


Queremos atacar el gigante calizo por la vía más facial, la norte. Asi que nos dirigimos primero hasta la horcada de la Chavida a través de fatigosas y largas cuestas, primero y una gran llera algo más entretenida, de segundo. Y así nos ponemos ya a tono a más de 2000 metros y con vistas a toda la sierra de las Corcadas, el Gildar... El Pandián, el Burín, Las Pintas.... El Espiguete, el Murcia... bueno, un sinfín de peñas.





Subiendo el canchal con el Mampodre al fondo


Y al otro lado de la collada de la Chavida ( 2.207 metros ), La Canal de La Sotín, que asciende debajo de las parades del Collao Jermoso hasta la vega de Liordes.




Pasando la Chavida todo cambia


Datos, picos, caminos...sedos, canales, vegas, refugios...todo pasa por mi cabeza mientras comenzamos a negociar con la caliza cuando bordeamos toda la cara este del Friero en dirección a una colladina que se desploma hacia La Sotín. A partir de este punto me puse el casco, por si las moscas...


Primer ataque serio al Friero (Foto de descenso)


Llevamos más de un par de horas de ruta y empieza lo emocionante. La senda gira ahora hacia el oeste para bordear la cara norte del Friero. Comienzan las primeras trepadas y los primeros avistamientos del abismo bajo nuestros pies.




Corredor con Torre Santa al fondo


Esta ruta ( por desgracia y por fortuna ) esta muy trallada de montañeros y solamente hay que seguir los fitos y la veredina. Hoy, que es sabado y calienta de lo lindo, ya nos hemos encontrado ( y dejado atrás ) a más de 15 montañistas vascos, y aún no sabemos lo que nos espera en la cima...



Paso que requiere algo de elegancia


Antes de empezar los tramos de escalada ( trepada algo más compleja ) se ha de pasar por un pasillín algo estrecho que, realmente para los que no estén acostumbrados a las alturas, tiene su cosa.


 Preciosas agujas y Valdeón



Bien, a partir de este punto, punto en el que vemos con claridad Valdeón, el hayedo de La Sotín, Torre Santa... bla bla bla. Tenemos que empezar a trepar por una chimenea, una abertura en la pared que asciende para arriba. Este primer tramo es casi el más dificil de la ruta, puesto que es necesario hacer un pequeño impulso y un juego de piernas para subir a un nivel superior.




Primera brecha de ascenso


Con alguna duda si esto llegará a buen puerto llegamos con éxito a una colladina desde la cual vemos la canal que marca el sentido de la ruta hasta la cima del Friero.


En menos tiempo de lo esperado llegamos ya a los últimos metros, y vemos una manifestación en la cima. Aunque siempre está bien saber que hay alguién más por estas montañas para poder echarte un cable o charlar de cualquier cosa, esto me parece demasiado. Más de 10 personas en la cima (y los que vienen detrás de nosotros...) hacen que el momento especial de llegar a la cumbre se vuelva más... mejor dicho, menos especial.




El Friero, objetivo cumplido


Siempre me ha gustado caminar por montañas bellas, solas, varadas en el tiempo y en el espacio, disfrutar en la cima, poder mirar hacia todos los puntos cardinales sin nada que te obstaculice la visión... Pero, desgraciadamente, hoy, no iba ser así.


Quizás es por eso porque prefiero mis montañas de Riaño, Puebla de Lillo o Villamanín, quizás es que no entienda la montaña como una atracción de feria, quizás es que soy un insociable... pero, que queréis que os diga, la proxima vez que vuelva a Picos, intentaré que sea un día de semana.


 Desde la cima hacia el Cubil del Can y Espiguete pasando por las torres de Salinas


Nos hicimos un "huequín" en la cima como pudimos y comimos el jamón con vistas hacia valdeón (que bien rima...). La foto de grupo en el mítico cartel del Friero nos fue imposible hacerla puesto que decenas de mochilas y montañeros rodeaban este punto como si de un macdonalds se tratase.


Volveremos un día que no haya colas...


Así que decidimos bajar cuanto antes para seguir disfrutando del pico en la bajada, que es igual o más entretenida que la subida ( y más delicada, por supuesto ).

Bajamos por donde subimos, aunque en algún tramo tuviesemos que rectificar rumbo hacia la canal que no acabase en barranco...






Y de nuevo en la Chavida. Día perfecto, estamos vivos y sanos, y el sol aprieta a eso de las 4 de la tarde mientras bajamos las lleras hacia los brezales de Santa Marina.


Me quedo con las ganas de Jermoso y su vecino el Llambríon. Nunca había visto una pared tan enorme. Liordes también me atrae. Sin duda alguna esto es un paraiso para el montañista, aunque, por desgracia, hay que ceder bastante a la hora de compartirlo. Pero bueno, para no ceder siempre tendré a mi Gilbo, a mi Susarón o a mi Cueto Ancino... :)





Duración aproximada: 6 horas y media.

Información adicional: Hospedaje barato en Posada. Camping en Sta. Marina.
Existe otra vía algo más complicada en la cara sur. Posibilidad de ascender desde la Chavida a la Torre Salinas o descender hacia Liordes.


domingo 4 de octubre de 2009

Un paseo por las nubes...

Hace un par de años, cuando empecé a ponerme un poco en serio en esto de subir cuestas, un día me puse a hacer un montaje de fotos bastante casero y me quedó así. No están todos los picos que deberían estar, pero bueno, de aquella, es lo que había...

Espero que os guste.

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