jueves, 25 de abril de 2013

Paisajes de primavera al norte de la ciudad de León

Ya llegó. 

Le costó, pero llegó.

Y es que cuando la primavera llega a la región leonesa cualquier rincón se viste de gala para sorprender al amante de lo rural y lo natural.

                                           El río Torío

Es por ello por lo que muchas veces no es necesario hacer muchos kilómetros para disfrutar de un buen paisaje de río y monte en estas latitudes sureñas de la cordillera cantábrica. El color verde de los praos, los primeros brotes de las choperas riberanas y de las mimbres que envuelven las sebes, dan lugar a un paisaje muy atractivo a escasos kilómetros de la ciudad leonesa.

                                 Villasinta de Torío

El Infantado del Torío, lugar de paseo y sosiego de los Reyes de León, se extiende por el valle del Torío al norte de la capital del reino. Robledo, Villanueva del Árbol, Villaverde, Villasinta, Canaleja, Abadengo... son algunos de los pueblos que forman este entorno de ribera pero también de montes compuestos por sanos y vastos robledales.

                        Canaleja de Torío. Al fondo la ciudad de León y el monte de La Candamia.

La cordillera cantábrica ha querido acompañar a este valle del Torío a través de ese cordal que poco a poco va perdiendo altura hasta morir en La Candamia, pero que deja varios parajes de monte alto y bajo en parajes como El Portillín, Castrillino o el Valle de la cota, en Canaleja de Torío.

Canaleja es un pequeño pueblo cercano a la Carretera Santander por el que no viene mal darse una vuelta en bici o caminando de vez en cuando, y más en esta época de primavera.

        Villaverde de Abajo y San Feliz de Torío. Al fondo las montañas de Alba y Luna.

Se encuentra un tanto alejado del río pues se enclava en un pequeño valle latera denominando en el mapa como "de la Cota". Varias sendas parten de él y se adentran en el espeso monte que este pueblo oculta en sus numerosas vallinas. No en vano, en este valle se consagra un importante robledal que da cobijo a diversa fauna de pezuña, colmillo y pico.

          La fértil vega del Torío. Al fondo, en el centro, destaca el Cueto San Mateo de La Pola de Gordón. A su izquierda las montañas de Pajares y a su derecha el pico Fontún

Elegí una tarde de Abril para caminar por el sendero que asciende por el cordal que acompaña la ribera y que a mi entender posee unas fenomenales vistas hacia los pueblos del Torío y hacia la cordillera. Además es terreno ameno, de roble, encina, pino y monte bajo, en continuo sube-baja, muy indicado para el trekking o la bici de montaña.

     Tierras de Palacio y Abadengo de Torío cercanas a la inmesa chopera que se alarga hacia los montes de Matallana, donde aparece ya la muralla caliza del Correcillas

El paisaje es amplio y desde estos puntos que ya supera en algunos tramos los 1.000 metros de altura, se contemplan perfectamente montañas como el Correcillas, Fontañán... e incluso el macizo del Catoute-Tambarón hacia el oeste.



Otra vez más, la ribera del Torío, tan leonesa y tan cercana a la ciudad de la catedral, otorga al caminante una buena tarde para llenarse de aire entre su guapa naturaleza sin apenas alejarse seis kilómetros de la urbe.





viernes, 12 de abril de 2013

La cascada de Firvia, donde viven las xanas

El occidente asturiano es un mundo aparte dentro de la majestuosidad natural del Principado.
Una continua caja de sorpresas de color verde donde la mar y montaña cantábrica se enlazan a través de pueblos vaqueiros como el de Luarca, de desembocaduras de ríos que llegan desde lo más interior de Ibias y Ancares (Navia) o de valles escondidos al tiempo y al espacio como los del Conceyu de Villayón.

              Desembocadura del río Navia en el cantábrico

Villayón

Dentro de bonita estructura turística que lleva de nombre "Parque Histórico del Navia", y que aglutina los concejos que tienen el honor de albergar en su terreno parte de las aguas de este largo río que viene desde Lugo para desembocar a los pesqueros puertos de Navia, entre los que se incluye el pintoresco Puerto de Vega, aparece, como veníamos diciendo, un monumento natural declarado así por el gobierno asturiano en el pueblo de Oneta, concejo de Villayón: Las Cascadas de Oneta.



Decir que no son las únicas del concejo, pues Villayón es tierra de cascadas que se precipitan desde altos pastos ganaderos buscando el Navia embalsado en el tranque de Arbón. 
Nos encontramos por lo tanto en tierra de grandes desniveles, montuosa, de eucalipto y pino ( también de abedul y castaño )... pero al mismo tiempo la presencia del mar cantábrico, cercana, perceptible en el aire y en la meteorología, influye y condiciona estas tierras a mitad de las alturas cantábricas y el vasto océano atlántico.

Oneta

Desde los altos de la sierra de Panombres, una de las alturas de la comarca con 842 metros de altura, corren los regueros que forman el río Oneta, corriente de agua que entre verdes praderas separa los pueblos de La Lliera y Oneta, siendo este último nuestra puerta de acceso para ir en busca de la bella y escondida dama del agua.

             Oneta y camino hacia las cascadas

Hacia las cascadas

Desde el ganadero pueblo de Oneta aparece una ancho camino que se empeña en ir descendiendo paulatinamente entre la ancha pradería hacia lo que parece un estrecho entre dos peñas a apenas un kilómetro de las calles de esta aldea que guarda interesantes ejemplos de hórreo asturiano.

            El pueblo de La Linera / La Lliera



Para nada piensa el senderista encontrarse tan espectáculo de agua y bosque entre estas suaves vegas mecidas por el aire cantábrico y un tanto sobrehumedecidas por la primavera diluviana de este año 2013. 

Pero el paisaje cambia repentinamente al acercarnos al río. Baja furioso, espléndido, sonoro, desbocado, sin nada que lo detenga excepto un salto sobre el aire de más de 30 metros de altura.

Firvia

El agua y el paso del tiempo han creado un escenario ambiental que puede dejar, aviso, con la boca abierta a más de uno. A mí, por lo menos, me la dejó.

Conocer a Firvia desde su salto al vacío hasta su llegada de nuevo al suelo terrestre es semejante a conocer a un ente milenario, místico, casi sagrado. Quien sabe si esta increible cascada es en realidad cobijo de xanas ocultas entre las peñas cubierta de verde musgo o es en si misma una de ellas que con su radiante y sonora lámina de agua guarda estos lugares a salvo de enemigos no deseados.



                             Un Mirlo acuático

La Firvia es como conocen a esta cascada, integrante de los tres saltos de agua que tiene el rio Oneta en este paraje. Firvia seguramente provenga de la palabra "fervir" -hervir-, pues parece que agua "fierve" cuando cae sobre el lecho del río tras metros sostenida en el aire. Suele ser una denominación muy recurrida en Galicia, Asturias y León (La ferviencia, la fervenzona...).






Mirlos acuáticos, mustélidos, desmán del pirineo, corzos y toda clase de fauna ligada al río y la humedad encuentra un buen resguardo en este lugar fresco y oxigenado.

El racional y ancestral uso del agua

Desde la cascada surge una canalización de agua que abastece varios molinos, hoy restaurados para uso turístico y educativo. Es entretenido caminar por este pequeño sendero de piedra muy cubierto de musgos y hojas hasta el segundo molino, habiendo visto primero el Molín d´Abaxo que se encuentra al lado de Firvia.

                                  El Molín d´Abaxu

Esta manera de aprovechar el agua, a través de pequeñas canalizaciones y molinos, para el uso cotidiano agrícola del pueblo y también mucha veces para "fabricar" luz, está muy arraigado en el noroeste, en las regiones del color verde y el agua abundante (León, Galicia y Asturias). Un modelo envidiable de desarrollo sostenible que se contrapone a la barbarie ambiental producida por centrales hidroeléctricas y macro-embalses construidos también en estas regiones.







Especial dedicatoria y agradecimiento a Andrea, guapa y atenta joven de Puerto de Vega, por darme a conocer este increíble lugar.

martes, 9 de abril de 2013

Llingua ya cultura L.lionesa nel Altu Sil

Esti sabadu, nel l.l.acianiegu pueblu de Vil.l.ablinu, l´asociación Faceira xunto col grupu de música celta Tsuniegu, entaman unas xornadas de l.lingua y cultura l.lionesa, onde la l.lingua pal.lueza, ye dicire, la que domina tol Alto Sil, Babia, Oumaña, L.luna, Degaña, Somieu... ye´l platu fuerte.

Espérovos ehí. Eiqui vos deixu´l cartelín, la fotina ye d´un servidor (tóu hai que dicilu...) y ye una cabana na braña de Buenverde (Vil.laxer).




lunes, 25 de marzo de 2013

Un recorrido por Toreno, un pueblo minero del Sil (II)




Patrimonio cultural e histórico del condado de Toreno

¿Condado? Pues sí, Toreno aparece en la historia medieval como condado regido por el conde Álvaro Queipo del Llano, asturiano que consiguió este título a manos del rey Felipe IV en 1657. Su importancia en la historia posterior se consagra en el apellido Queipo de Llano, el cual ha jugado incluso papeles destacados en la desafortunada guerra civil española. Su poder se centra principalmente en Asturias. El no tan lejano bosque de Muniellos también fue otorgado en propiedad al Conde de Toreno, el cual da nombre a calles de León, Oviedo y Madrid.

En el valle minero, lejos de palacios y reales aposentos, el único resto visible del Conde es la torre que se asienta sobre una llanada que domina el río Sil y el barrio de Torenillo. Las coruxas, las palombas y los ratones son hoy en día sus propietarios a la espera de futuras actuaciones restauradoras que desgraciadamente no llegarán.

                                 La Torre del Conde

Pero antes de condes y señores, Toreno y sus municipios ya guardaba una rica historia, casi única en la región leonesa.

Nos encontramos en un enclave estratégico de castros astures y prerromanos que desde la noche de los tiempos parecen haber cogido gusto a las fértiles tierras del Sil en Toreno. Dejando un lado los interesantes castros de Toreno, Pradilla, Tombrio… hay que destacar por encima de todo el arte rupestre albergado en las oquedades rocosas de Librán y San Pedro Mallo, en el entorno del valle del río Primout y la sierra de Xistreo.

                             Pintura enigimática de San Pedro Mallo

Tres oquedades mantienen a día de hoy un conjunto de pinturas rupestres de la edad del bronce aproximadamente donde se pueden encontrar desde pinturas de culto al Sol hasta pequeños “demonios” como el albergado en el pueblo de San Pedro Mallo, pueblo donde aún se oyen curiosas historias de mano de la gente más mayor que relata cuentos sobre extrañas gentes, mouros o magos, que vivían en las cuevas y oquedades donde se encuentran las pinturas y que algunas noches se prendían hogueras y se oían gaitas y conjuros. Al menos dos personas de este pueblo me han podido confirmar esta leyenda, la cual entronca y se relaciona con otras tantas similares en el entorno castreño del noroeste y que tiene a los Mouros como protagonistas, señalando antes de nada que estos seres en nada tienen que ver con los musulmanes, sino más bien con druidas celtas.


             Viejo molino de Librán

En este enlace y en este otro de mi amigo Miguel Angel (autor del libro TELENO. Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia)  podemos indagar más en el significado de estas pinturas.

La tradición de mouras y ondinas también crece en las fuentes y regueras que acompañan al Sil. Estas hadas benévolas del agua se contraponen al mismo tiempo de leyendas sobre bruxas y meigas, así, en el hermoso pueblo de Villar de las Traviesas, rodeado de imponentes castañales a la sombra del monte Xistreo, se recoge la antigua tradición de colgar una riestra de ajos y apio a los niños pequeños para alejar a las brujas.


       El monte se adentra en el pueblo de Pardamaza

Y es que la misticidad de la noche, el bosque, los árboles, los animales y el fuego cobra vida en muchas tradiciones torenieneses como la queimada o el magosto. Este último goza de cierto prestigio a nivel nacional, pues el que se realiza cada año en el pueblo de Santa Marina del Sil ha sido realizado en capitales tan distante como Madrid o Soria, otorgándole el título de interés turístico regional.



Es una festividad que se suele realizar a principios de noviembre y que congrega al pueblo alrededor de fugueiras y tambores donde se asan las castañas al ritmo de gaitas, chiflas y tamboriteiros. Estos instrumentos están bien representados en Toreno. En Matarrosa existe la banda de gaitas “Aires mineros”, mientras que en el castañero pueblo de Santa Marina quedan aún recuerdos de José González (Pepe), artesano del tambor y de la chifla y quizás uno de los mejores de la provincia leonesa. Hoy, Domingo, ferreiro y artista de la canción acompaña a numerosos artistas de folk leonés, como el dúo Tarna, en algunos de los recitales que dan por estas tierras.

Matarrosa nun val cosa
Peñadrada nun val nada
Tolas en Villamartín
Roxas en Santa Lucadia
Y para mozas tetudas
Que sepan bailar la danza
De todas estas contornas
Toreno lleva la fama.

(Verso popular)


Y es que la tradición oral, representada por el filandón, está muy presente en Toreno.

El filandón significa el encuentro entre los vecinos del pueblo en una cocina particular para hilar a la luz de la lumbre mientras se habla, se cuentan historias, leyendas o se canta. Es una tradición emblemática de la región leonesa y que últimamente ha cogido un alto relieve en las esferas literarias de mano de famosos escritores leoneses que ven en este acto colectivo como uno de los más antiguos y mejores usos para conservar la memoria colectiva y literaria de los pueblos.



Nun le contaré a mía madre que viniera al filandón
Que pensara la cuitada que perdiera la razón

(Verso popular)


Decir, a modo de curiosidad, que el obispado de Astorga llegó a prohibir  en el año de 1769 esta costumbre en Toreno, pues desconfiaba que realmente solo se “filara” en estas reuniones populares entre mozos y mozas.

De Toreno para arriba
Nun hay tierra pal rumeiru
El perejil está en Tombriu
La hortelana está en Frisnéu.
En Cubillos manda Dios
y en Posadina la polla
en Cubillinos la pita
y el gallo en Valdelaloba.

(Verso popular)


El dúo Tarna con Domingo


He citado y colado entre párrafos anteriores muchas palabras que no son ni castellanas ni gallegas, sino asturleonesas. Y es que esta vieja lengua romance está muy presente aún en día en las calles y montes de Toreno.

Aunque Berlanga y Susañe son los pueblos donde mejor se conserva esta lengua oficial en la vecina comunidad de Asturias, entre la gente mayor de Toreno, de Santa Marina, de Valdelaloba, de Tombrio de Arriba… se sigue oyendo sobretodo en terminología agrícola y ganadera, pero también en campos de pesca y caza. Así, por ejemplo, a la gente que sale con los perros para dar monte y sacar las presas a los puestos de tiro, se les conocer como “afaladores”, es decir, habladores en castellano. O en otro caso, a la encinas se las conoce como “Xardones” y a las truchas pequeñas como “Xurelines”.

  Luis González, hijo del artesano de la chifla y el tambor "Pepe" y uno de los vecinos más ilustres de Toreno

Esto no es desconocido en el municipio, y ya en 1983 el escritor insigne de la villa, Francisco González escribió el libro de El Habla de Toreno, donde recogió testimonios, topónimos y palabras en la vieja lengua asturleonesa de boca de vecinos de Toreno. Esta publicación está considerada hoy como una obra referencial para la recuperación del asturleonés en la provincia de León.


“¡Y el jabalí de los Vallones! A poucu más arrevienta a mi hermanu y a Lorenzu. Y a Antoniu Vuelta tiróulu tan altu comu desd´esta casa embaju. ¡Home!, m´hirmanu firmóule lus cañones nun pechu al jabalí, purque´l jabalí bajaba cuna boca abierta. You estaba´l outru lau, y Lurenzu matóu la perra: la Linda. Yeramos dieciochu, ¡Y todos escaparun!.”

El Habla de Toreno – Francisco González González, 1983.


Toreno se ha de visitar con tiempo, pueblo por pueblo, camino por camino. Sus casas y edificios tradicionales, como corredores de madera, fornos, chimeneas, tejados de losa (llousáos) o molinos han de ser vistos como verdaderos restos de una arquitectura del noroeste a punto de desaparecer en estos lares donde el ladrillo y el dinero fácil de la mina hicieron cambiar el paisaje tradicional por monótonos bloques y barrios mineros no muy bellos para la vista.






No todo tiene porque seguir pintando negro aunque ya no haya minas…

A modo de reflexión personal de un hijo de este pueblo, estaría bien puntualizar que Toreno y el valle del Sil – Gistreo en general, es decir Páramo del Sil y Noceda del Bierzo, no tienen porque estar condenados a la desaparición tras el cierre de la actividad minera. Ha de llevarse a cabo un plan urgente de puesta en marcha de una oferta cultural y turística que acompañe a la escasa actividad industrial que queda.

Primero, hay que lamentar un no-gasto (o derroche innecesario en cosas absurdas) del dinero que los fondos miner aportaron a estas tierras y dios sabe donde fue a parar. Hubiera sido interesante conservar la arquitectura minera y el patrimonio industrial minero para realizar un museo de la minería (véase L´Entregu en Asturias). Qué decir tiene que la rehabilitación para fines turísticos del ferrocarril Ponferrada – Villablino hubiera traído consigo un empuje de la actividad turística al valle que hubiera acompañado perfectamente la oferta de museos o lugares de especial interés del valle.



Si a ello le sumamos la aplicación de un plan de dinamización turística del valle del Primout, SOSTENIBLE, que quede remarcado, donde la fabulosa ruta Pardamaza-Primout y las importantes pero desconocidas pinturas rupestres fueran sus platos fuertes, seguramente Toreno se oiría más por foros turísticos y por otras ciudades aledañas.

La creación de un centro de interpretación del arte rupestre en El Bierzo en Toreno hubiera sido un punto fuerte.  Quizás no diera trabajo a todo el pueblo, quizás no, seguro. Pero por lo menos Toreno estaría en la agenda del turista que seguramente le gustaría aprovechar el día entre estas pinturas prehistóricas para saborear un botillo o un pastel de castañas en alguno de los restaurantes del municipio. Todo es empezar. En otras regiones así se ha hecho.


Pero mientras existió dinero, esto no se hizo. Y hoy, es realmente difícil que se haga, más aún cuando no existe la más mínima intención política de volver a darle vida a este valle que tanto ha hecho, sin embargo, por el resto de España, pues de aquí sale y ha salido mucha de la energía eléctrica que da luz en millones de hogares españoles.

A cambio, a Toreno, lamentablemente, le han dejado unas cuantas escombreras y un futuro para sus jóvenes que está a cientos de kilómetros de sus padres, los cuales, si tuvieron la suerte de conocer mejores tiempos económicos en el valle, pero que por el contrario, no cayeron en la cuenta que tras el carbón, no existe nada, si antes no se han creado cimientos de re-industralización. 

Información y fotos:

 - Alejandro Díez González, Francisco Vuelta Buitrón.
- El Habla de Toreno / Francisco González González.

- El Bierzo / José Luis Alonso Ponga, Amador Diéguez Ayerbe



miércoles, 20 de marzo de 2013

Un recorrido por Toreno, un pueblo minero del Sil (I)


Primera parte

Injustamente alejado de los tradicionales recorridos turísticos por El Bierzo y ligeramente discriminado por el alza turística del cercano Alto Sil, Toreno se encuentra como en una especie de limbo en el minero valle del río Sil. Su posición a medio camino entre la huerta berciana y la montaña cantábrica le han convertido en lugar de paso de centenas de ponferradinos que ascienden a prácticar deportes de invierno a la estación de Leitariegos, al mismo tiempo que los lacianiegos pasan por él para realizar sus compras en los comercios ponferradinos.


Tan solo la minería y su dorada época del siglo XX han dado a esta villa un tanto de estabilidad y fecundidad.

Pero hoy, ya bien entrados en el siglo XXI, el solar del Conde de Toreno ha entrado en una espiral de olvido y resignación ante la decadencia de la actividad minera, motor del valle.

La naturaleza, las tradiciones y un importante patrimonio histórico, industrial y cultural persisten entre los robles y los musgos que poco a poco van cubriendo una de las principales localidades mineras del norte de España.

Desde pinturas rupestres hasta patrimonio industrial minero único en España, pasando por tradiciones como el filandón, el magosto y la lengua asturleonesa, vamos a intentar recorrer con unas líneas la identidad de este valle.

        El rollo de justicia o picota, símbolo de Toreno.


  Vista satélite

Toreno aglutina en su municipio una variada colección de localidades ribereñas y montanas, algunas con deseos de ciudad (Matarrosa o el propio Toreno) y otras con deseos de braña (Pardamaza).

El Sil vertebra el ayuntamiento junto con la línea ferroviaria de la M.S.P. En sus orillas se asientan Toreno, Alinos y Matarrosa. Lugares de vital importancia para entender la minería en León.  Y ya en la cola del embalse de Bárcena, el pintoresco pueblo de Santa Marina cierra el municipio por el sur.

      Matarrosa del Sil

A sus lados las estribaciones de los cercanos montes del Alto Sil cierran el valle encabezados por la cumbre de Gistreo (1.721 metros), emblema del municipio y de una buena parte del Bierzo Alto.

San Pedro Mallo, Pardamaza, Villar de las Traviesas se suben a los montes buscando las majadas y los pastos que la lejana ganadería gobernó antes de la impresionante entrada de la industria minera en escena.

Al otro lado del Sil, los montes que dividen la cuenca de Toreno con la del Cúa, dan espacios para entrañables aldeas como Valdelaloba o Tombrio, donde se encuentra la verdadera alma berciana.

    Cementerio de Pardamaza, engullido en la foresta otoñal.

Castañales, viñedos, cerezales, nogales y otros tantos árboles frutales enseñan la cara más fértil del Sil en Toreno. La huerta manda. La vendimia y la castaña complementan las actividades económicas de los habitantes del valle, principalmente ocupados en tareas de la última minería existente que más bien se traduce en jubilaciones anticipadas tras años de picador, barrenista o atendiendo otras labores relacionadas con la antracita. Sin olvidarnos, por supuesto, de la supravalorada trucha del Sil, codiciada en las mejores cocinas de Madrid, sustento importante para muchas economías familiares.

             La huerta y las patacas

Pero el municipio también tiene otra cara más salvaje y menos domada por el hombre.


Patrimonio natural

Puede presumir Toreno de una buena salud ambiental a pesar de estar literalmente minado de restos industriales de las explotaciones carboníferas. El Sil, el mismo que lleva el agua pero la fama la cede a su hermano Miño, es río fuerte, agresivo y cargado de minerales (incluso alguna que otra pepita de oro…) que han dado lugar a un paisaje frondoso de vegatación y rincones abruptos donde se encuentran verdaderas joyas ambientales.


El valle del Río Primout, también conocido como el desfiladero del Bustillo, se presume como el icono referencial de la naturaleza Toreniense.

Las vallinas y brañas de Pardamaza, frescas y altivas como las de sus cercanas hermanas del Alto Sil, constituyen un perfecto lugar para el asentamiento del cada vez más frecuente Oso Pardo, que está, en boca del Torenienses “enamorado de las castañas de Pardamaza”.

    Barranco del Primout entre Pardamaza y Librán

La cara norte de Gistreo se puebla de abedules, robles, tejos, urces y demás flora cantábrica antes de que caer en picado en el profundo tajo del río Primout en los términos de Librán, último pueblo de este largo valle antes de la confluencia con el Sil. Un espectacular cortado alimenta un ecosistema natural que bien pudiera ser declarado como espacio natural protegido. Un río de alta montaña apenas alterado por la mano del hombre bajo verticales peñas donde aves rapaces de toda índole establecen sus campamentos de anidación y contemplan desde este punto buena parte de la gran comarca de El Bierzo.



Aparte del río Primout. El senderista y el amante de la naturaleza puede deleitarse entre las castañales de Villar de las Traviesas y Santa Marina del Sil, donde la denominada Castaña de Parede alcanza su mejor expresión. Magostos y un cultura de estrecha relación entre el hombre y el árbol es palpable en estos rincones donde también se aprecian interesantes ecosistemas a medio camino entre el monte atlántico y el mediterráneo. Un verdadero tesoro ambiental difícil de encontrar en otros lugares (En un mismo monte podemos encontrar alcornoques y encinas al mismo tiempo que abedules y acebos).

      Monte de Caleyo. Margen derecha del Sil.

Un importante robledal del municipio es que se extiende sobre Matarrosa del Sil hasta los límites con Lillo del Bierzo, en la zona denominada como “El Caleyo”. Es un bosque maduro, potente, limpio y muchas veces visitado por vecinos tan renombrables como el Urogallo Cantábrico, el cual y según el prestigioso científico Solís Fernández, nacido en el municipio y colaborador de otros naturalistas como Félix Rodríguez de la Fuente, utiliza antes de la llegada del invierno y más concretamente de la explosión de las arandaneras de Valdeprado y Palacios, para alimentarse de la buena bellota que se da en estos robledales de Toreno.

  La Cueta Alta, altura que se alza sobre el Sil y sobre los pueblos de Villamartín y Santa Cruz.

Otro ecosistema de alto valor de Toreno es la vegetación de ribera y fluvial que otorga el río Sil y sus pequeños afluentes. Como ya hemos dicho, la trucha es la reina del río, pero a ella se suman carpas y peces (bogas), perseguidas por la incansable nutria. Hasta no hace mucho, concretamente con la llegada de las grandes presas del Sil en Galicia, la anguila era una habitual de estas aguas. Grandes pescatas de este escurridizo pez se realizaron en el soutofundeiru de Santa Marina del Sil, hoy prácticamente anegado por el embalse.


No en vano, su extinción aún no se ha consumado totalmente, pues de vez en cuando corren noticias de capturas de viejos ejemplares de cerca de 10 kilos en el pantano. O aquella historia de Matarrosa, en la que una tuvo en vilo a decenas de pescadores durante meses que creían que se trataba de una trucha gigante pero en realidad era una vieja anguila varada en el tiempo y en el espacio, quizás nostálgica de su mar atlántico.

3.       Patrimonio minero

Toreno y Matarrosa son dos claros ejemplos del proceso industrial vivido en el valle del Sil y en las comarcas mineras del norte de León en el pasado siglo XX hasta su definitivo cierre en el presente año 2013.

     El color verde y el color negro realizan un papel destacado en el paisaje de Toreno.

Pequeñas explotaciones como Escandal, La Petra, Durana, Caleyo, Gaiztarro… forjaron a mediados del pasado siglo una de las mayores empresas mineras de España, la Minera siderúrgica de Ponferrada, encargada del transporte del carbón entre Villablino y Cubillos del Sil para su posterior quema en las centrales térmicas. Otras como Coto Minero del Sil, con sede en el poblado minero de Alinos, dieron lugar a macro compañías como Coto Minero Cantábrico, aglutinando gran parte de minas de Asturias y Palencia.

      Estación de Toreno en las últimas décadas del siglo XX.

El alma minera de Toreno es vital para comprender la idiosincrasia de este valle que ha visto pasar gran cantidad de dinero por sus manos pero que hoy languidece lentamente a manos de una atroz despoblación propiciada por una reindustrialización que nunca llegó.

                                                              Minero del valle

El tren minero es otro de los elementos básicos de Toreno. Más de un siglo surcando el valle, ha dejado una fuerte huella en la memoria colectiva de estas gentes que aún recuerdan esos vagones lentos y llenos de carbonilla que viajaban día tras día desde El Bierzo a Laciana envueltos en nubes de vapor surcando uno de los valles más importantes y guapos de la provincia como es el del frondoso río Sil.

                             El tren minero Ponferrada-Villablino a su paso por Santa Marina

Hoy, desafortunadamente, la maleza, el musgo y el monte se han apropiado de todas las estaciones de Toreno y de buena parte de las vías. Un lejano proyecto de convertir esta vía para fines turísticos aún sobre vuela las copas de los castaños más altos del pueblo, pero el tiempo también oxida, no solo las vías, sino las ideas que nunca son llevadas a cabo.

Economatos, lavaderos, bocaminas, vagonetas... se esparcen por todos los rincones del valle hablándonos de un pasado en el que miles de portugueses, gallegos, andaluces y extremeños llegaron a esta tierra prometida para ganar un jornal que en sus tierras a duras penas podían recibir. Toreno fue villa rica. Cerca de 6.000 almas poblaron este valle en un auge económico jamás visto donde el color negro del carbón cubría calles, caras, manos pero también corazones y pulmones.

         Edificio abandonado de las minas de Caleyo. La ventana ya solo mira a su destino: el monte.

Hoy, como incido, por los antiguos almacenes e instalaciones ya solo circulan coruxas y algún extraviado corzo demasiado curioso.






Fotografías de Alejandro Díez González, Francisco Vuelta Buitrón y del libro "El ferrocarril de Ponferrada a Villablino y la minería en El Bierzo".